Las dietas limpias podrían no ser tan sanas

Por María José Pareja Rozo


Es bastante común que en el mundo contemporáneo nos preocupemos por tener una alimentación balanceada. Algunas dietas veganas, por ejemplo, pueden reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares cuando se planifican siguiendo consejos basados en estudios que comprenden la relación entre alimentación y salud.

Sin embargo, es posible que esta preocupación por lograr beneficios en el cuerpo cambiando nuestro régimen alimentario sea contraproducente, y en vez de traer el bienestar que algunas dietas prometen, terminemos enfrentando nuevos problemas para nuestra salud fisica y mental, como en este artículo veremos que ha sido el caso de algunas llamadas “dietas limpias” (traducción que utilizaremos para referirnos a la expresión de clean eating).

Para empezar, vale la pena preguntarnos, ¿a qué se refiere el concepto de una “dieta limpia”? Para la nutricionista Mikaela Reuben, el término “limpio” implica una dieta donde el consumidor comprenda qué alimentos está recibiendo su cuerpo, los cuales deben contener únicamente lo que naturalmente deberían, noción que ha sido criticada por su ambigüedad, ya que no hay una definición científica precisa sobre qué necesita el cuerpo naturalmente y excluir componentes químicos o artificiales que podrían ser dañinos.


Diseñar una dieta limpia es un proceso progresivo que para muchas personas inicia reduciendo sólo la cantidad de lácteos y de gluten pero avanza hasta eliminar por completo también el azúcar, la sal, las carnes rojas, los carbohidratos y alimentos refinados, hasta alcanzar una lista de alimentos “permitidos” exageradamente pequeña. A medida que la lista de alimentos “permitidos” y “prohibidos” se expande, se vuelve más evidente que el concepto de una “dieta limpia” está abierto a interpretaciones radicales y puede llevar a casos de insuficiencia nutricional.

¿Qué criterios utilizan las personas que siguen dietas limpias para excluir ciertos alimentos de su consumo? Muchos de ellos clasifican según criterios bastante imprecisos los alimentos como “buenos” y “malos”, “puros” e “impuros” teniendo en cuenta consejos de influencers en redes sociales quienes, en vez de hacer recomendaciones a partir de evidencias científicas, atribuyen un valor moral a la comida, insinuando que los alimentos “permitidos” tienes poderes milagrosos que pueden aliviar cuerpo y alma, y que llevar al cuerpo alimentos “prohibidos” es una conducta despreciable, por la cual las personas deben sentirse culpables.

Así, las dietas limpias pueden llevar a sus practicantes a la exclusión de grupos alimenticios completos (necesarios para lograr una dieta balanceada) y a verse a sí mismos con odio por los alimentos que temen consumir. Por estas razones, las dietas limpias implican una búsqueda por aumentar cada vez más el control sobre los alimentos que se consumen y la forma en la que se ajustan a un ideal de pureza puede llegar a destruir la relación saludable que las personas necesitan tener con la comida.


Ursula Philpot, una nutricionista de la British Dietetic Association, explica que la fijación con una alimentación saludable se ha vuelto un factor de riesgo que ha llevado a que, en los últimos dos años, cada vez más personas jóvenes sufran desórdenes alimentarios como la ortorexia nerviosa. La ortorexia nerviosa es trastorno de la conducta alimentaria que inicia como un intento por comer de una forma más saludable, pero se transforma en una fijación en la cualidad y pureza de la comida.

Así, los ortoréxicos restringen su alimentación al concepto que han desarrollado sobre lo que constituye la "pureza", siguiendo reglas extremadamente rígidas sobre lo que comen. Sus restricciones alimentarias les impiden acercarse a la cafeína, alcohol, trigo, levadura, soya, maíz, los lácteos y a alimentos que tengan aditivos artificiales o que hayan estado en contacto con herbicidas o pesticidas.

Por eso no es extraño que las personas que llegan a sufrir de este desorden alimenticio también presenten desnutrición y bajos niveles de energía, poca motivación y mal humor, además de antojos por consumir los alimentos que tienen “prohibidos”, que ven con frustración y culpa. Esto también afecta sus vidas sociales, ya que su obsesión por la forma en la que se alimentan puede ejercer presión sobre sus relaciones interpersonales y aislarlos socialmente.


Todas estas situaciones pueden llevar a los ortoréxicos a dejar de disfrutar por completo la comida que consumen y tratarla como si fueran el enemigo, haciendo que la experiencia cotidiana de la alimentación sea algo negativo y problemático. Resulta irónico que la implementación de un régimen alimentario fundado en la búsqueda de bienestar por medio de la exclusión de alimentos dañinos, se llegue a trastornos psicológicos que lleven a que las personas le pierdan el gusto a la comida.

Deanna Jade, fundadora del National Centre for Eating Disorders del Reino Unido, explica que para que las personas que se enfrentan en la actualidad a este trastorno alimentario lo superen, deben relajar las ideas que tienen sobre las dietas limpias. Lo cierto es que no hay alimentos “buenos” ni “malos” en sí mismos, sino que el bienestar que ofrecen depende de todo lo que consumimos en su conjunto, en dietas que son buenas cuando son balanceadas y no nos obligan a escoger entre todo y nada con respecto a la comida que nos agrada consumir.

Autor Voluntario

Soy la fundadora de TodoSalud.co, una estudiante de enfermería apasionada con la salud y la comunicación. Puedes seguirme en youtube, donde subo videos sobre maternidad; tambien en Instagram y Facebook :)

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